NSRC: National Sexuality Resource Center

Primer Beso 

Era un ocho de Enero de 1981, tres días antes de cumplir quince años y seis meses antes de abandonar mi tierra natal para venir a los Estados Unidos.   Era un ocho de Enero común y corriente,  tal vez, para mucha gente.  Pero para mí, ese fue un día de profunda transformación.  Un descubrimiento casi sagrado.  Mi primer secreto.  Mi primer pecado.  Un encuentro con la sensualidad que yo pensé jamás podría ser expresada hacia mí.  Todo lo que había creído y hasta el “fruto prohibido”, ese día dejaron de existir. Así fue mi primer beso. Ese  primer roce de otros labios con los míos.   Ese fue el momento en que sin saber me hice mujer, porque abrí mis ojos a la realidad de mi propia sexualidad, el fuego que se enciende, crece y quema, esa pasión desbordada, mi derecho de existir y mi derecho de sentir lo que ese día sentí.

Esa fogata primera, para mi, vino en una era cuando los cuentos de hadas ya no existían.   Yo no era más que una chica discapacitada a quien tales secretos no le pertenecían. Eterno Patito Feo.  Hermanastra y nunca Princesa.  Yo era esa, cuya imagen no cabía en ningún espejo.  Yo era el reflejo de los pecados de mis antepasados y el castigo de algún error cometido por mis padres. Yo era la “pobrecita”.  Mientras otras chicas de mi edad se convertían en Señoritas, yo me convertía en poeta, en mente sin cuerpo y cuerpo el cual a los catorce años de edad ya llevaba cicatrices de experiencia, la huella del dolor y la vergüenza de ser el ejemplo de lo que ningún padre desea para su hijo.   Esa era yo en ese entonces.  Tal vez por eso la experiencia de ese primer beso marco mi vida tan profundamente.   Yo, que en mi niñez no me atrevi a soñar en Príncipes Azules ni vestidos de novia, ni me arriesgue a pensar que, algún día, un hombre me podría amar…Yo, la chica discapacitada eternamente condenada a la soltería y a la soledad, ese día, aprendió a amar con alma y con cuerpo deteniendo el tiempo en el hilo de un momento que desde entonces vive congelado en el recuerdo y en las líneas de los versos que aun escribo.

Nos conocimos por teléfono una tarde de Diciembre cuando las campanas navideñas no acababan de sonar.  La magia de Diciembre aun flotaba en el aire cuando en medio de las celebraciones y en medio de mi mundo, el sonido del teléfono despertó mis sentidos al son de una voz masculina que hablaba en la línea preguntando por alguien más.   Sin saber como, de un momento a otro nuestras palabras cambiaron la conversación hacia el rumbo de la curiosidad.   Como te llamas?  Tienes novio?  Te gusta bailar?  -María.   No.  Si.   Escuche mi propia voz que como robot contestaba y al colgar el teléfono las manos me temblaban.  Acababa de decir la mentira más grande de mi vida.   Por supuesto, me dije a mi misma, jamás podría conocer a este muchacho en persona.   Como le explicaría mis verdades?   No me creía capaz de soportar su rechazo.   Los días fueron pasando y la llamada que comenzó con simples preguntas se extendió a largas horas de fantasía y mentiras que yo había creado.  Hablamos de bailes y fiestas, de largas caminatas y noches de arena y playa.  Éramos la voz de la juventud en plena flor.   Eso éramos por teléfono.   -Quiero conocerte, me rogaba, y yo lo entretenía con excusas y con razones que después de casi un mes ya no tenían sentido.   Pero el esperaba y mientras yo escondía mi cuerpo, el amaba mi voz.

De Diciembre a Enero, la impaciencia y desesperación de mi amor secreto había llegado a su límite.   Habiendo averiguado mi dirección por medio de otros jóvenes, apareció ese día en mi casa tocando la puerta y llamando a la Dulcinea de su cuento.  La voz que amaba en la oscuridad de la noche, a través de una línea telefónica era en ese momento una joven aterrada que sentía que el mundo se venia abajo y no había salvación.   Después de media hora de tocar, rogar y rehusar irse, con el corazón aun latiendo con furia, escondí silla, muletas y cualquier otra evidencia de mi realidad y me senté como reina en un sillón de la sala.   Mi hermanita entonces abrió la puerta y como un huracán, entro mi Príncipe Azul reclamándome por la espera.   Fingiendo indiferencia, le dije que no podía salir, y le pedí que se fuera, pero el se negó.   Despacio se fue acercando a mí hasta llegar a la orilla del sillón, mi cuerpo empezó a desvanecerse al sentir su cercanía.   Al llegar a mi lado, su rostro se acerco al mío poco a poco hasta que nuestra respiración se confundió.   El calor de sus labios se junto con los míos mientras su mano se movía lentamente en mi cintura.  Acariciando despacio las curvas de mi cuerpo mientras me besaba, esas manos ajenas viajaron por terrenos prohibidos llegando despacito hasta mis senos, sus labios después en mi cuello recorrieron mis senderos y acariciaron mis sueños de mujer.

No se cuanto tiempo estuvimos perdidos el uno con el otro.  Nuestros labios consumiendo cuerpo y alma.   En ese momento ya nada me importaba.  Ni siquiera el temor de mis verdades.   Me perdí en los brazos de un poema, el mismo que después de años aun me lleva a revivir ese recuerdo.   Cuando nos separamos lentamente y el se levanto, me miro intensamente a los ojos y me pidió que caminara hacia el.   Al bajar la mirada en silencio, el se acerco de nuevo y dijo:
“No creas que no se, pues si lo se.  Se que no puedes caminar hacia mi como te lo he pedido.  Y no me importa.”   Me beso una ves mas y se fue.

La sensualidad es la energía que proyectan los sentidos y el reflejo directo de nuestro ser interior.   El cuerpo es nada mas que el vehiculo por el cual nos expresamos.   Casi treinta años han pasado desde ese día en Enero en 1981.   Desde ese primer beso que cambio mi vida, han pasado muchos otros, amantes y esposos, amores fugazes y permanentes, amores apasionados y encendidos, la llama de lo vivido aun quema en mi piel.   Érase una vez una chica discapacitada que se hizo mujer  y aprendió a amar aceptando las verdades de su cuerpo y la fortaleza de su alma.   Soy un ser sensual, sexual y amo la vida.

 


Latina inspiradora, oradora, poeta feminista, autora, artista de palabra hablada, Maria es sobreviviente de polio, activista, educadora de discapacidad y presentadora profesional.
Su experiencia personal con asuntos de discapacidad hace que sus presentaciones sean dinámicas y un viaje educativo que rompe con cualquier mito negativo asociado a esta comunidad. Nacida en Latinoamérica, Maria contrajo Polio tan solo a los 8 meses de haber nacido. Ella vino a los Estados Unidos a la edad de quince años y derribó los obstáculos del idioma y la cultura para convertirse en la mujer fuerte e independiente que es en la actualidad. Su experiencia profesional incluye consejeria para vivir de una manera independiente, violencia doméstica, intervención de asaltos y crisis sexuales, así como presentaciones con los medios, discursos públicos y ayuda comunitaria.

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